Salamanca

Salamanca es una ciudad de tamaño mediano con unos 230.000 habitantes en su área metropolitana, lo que la convierte en la segunda urbe más poblada de Castilla y León, la comunidad autónoma en la que se encuentra, tras Valladolid, su capital.

Esta ciudad cuenta con una historia que se remonta al siglo III a.C. cuando se data la conquista de la antigua Helmántica por Aníbal en su avance por la península ibérica. Tras los cartagineses los romanos hicieron de la ciudad un centro de cierta importancia dada su situación estratégica como lugar de vadeo del río Tormes y término de la Vía de la Plata, una importante calzada romana que trajo como consecuencia la construcción en el siglo I el puente romano que se conserva la mitad (la otra está reconstruida porque fue arrollada por una riada en el siglo XVII). Los musulmanes pasaron por ella hasta que en el siglo XI se produce la repoblación castellana.

El nombre de Salamanca está inevitablemente unido al de su Universidad, una de las más antiguas de la Cristiandad, fundada en el siglo XII, que contó en el reconocimiento papal desde su fundación, lo que la convirtió en el corazón de una ciudad que ahora late a su ritmo. No se puede imaginar Salamanca sin su Universidad, y viceversa. Alrededor de la institución de enseñanza se levantaron una importante serie de edificios que hacen del casco antiguo de la capitál charra un museo arquitectónico al aire libre del que resulta imposible inhibirse. La sucesión de edificios monumentales góticos, renacentistas y barrocos es inacabable y el paseante puede llegar a sentir los síntomas de un síndrome similar al de Stendhal que los turistas sufren en Florencia. Tan bellos y abundantes son los monumentos que forman el doradocentro histórico de la ciudad.

Cuando el visitante ansioso cruza el río por el puente romano que nos trae evocaciones de Lázaro de Tormes, el pícaro más conocido de las letras castellanas, se abre a nuestro frente esa gran almendra que forma el casco antiguo de Salamanca. Nada más entrar en él, llegando desde el puente sobre el Tormes nos encontramos, junto a la Casa Lis (fantástico edificio modernista con fachada de hierro y sede actual del Museo Art Nouveau y Art Déco) con el Huerto de Calixto y Melibea, encaramado sobre la antigua muralla de la ciudad, y lugar donde cuenta la tradición que tuvieron lugar las andanzas de los personajes de la popularmente conocida como “La Celestina”, de Fernando de Rojas. A un paso encontraremos la Cueva de Salamanca, en la que (¿no habíamos dicho que Salamanca estaba unida estrechísimamente con su Universidad y con la enseñanza?) se dice que el propio Diablo impartía perversos cursos y lecciones a sus endemoniados discípulos.

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Como si de un exorcismo arquitectónico se tratase, de pronto nos toparemos con, no ya una sino dos catedrales, la una junto a la otra: La Catedral Vieja, del siglo XII y de un sobrio estilo románico y la Catedral Nueva, comenzada en el siglo XVI y terminada en el XVIII, lo que la convierte en la última catedral gótica española. No debemos perder la ocasión de fijarnos en los relieves escultóricos de la fachada de esta última, donde descubriremos no sin sorpresa, esculpidos en la fachada catedralicia, a un astronauta o un sátiro disfrutando de un helado… Son cosas de los restauradores que en 1992 decidieron dejar una huella de su paso por este monumento.

Cruzando la plaza de Anaya y sus jardines llegamos al corazón de Salamanca: la Universidad, cuya tarjeta de presentación no podría ser mejor. El patio de las escuelas, una placita presidida por la estatua de Fray Luis de León y rodeada de edificios emblemáticos del centro del saber salmantino. El estudiante no debe olvidar que tiene que encontrar la rana que se esconde en la fachada principal de la Universidad si quiere aprobar el curso con la garantía de la tradición y la magia universitaria.

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Seguimos dando un breve paseo hasta la Casa de las Conchas, enfrente de la Clerecía (sede actual de la Universidad Pontificia), que es un ejemplo de eclecticismo arquitectónico al unir en un solo edificio elementos góticos, renacentistas, musulmanes… Una casa única en su género, sin duda.

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Continuamos hasta el espacio público donde está el todo Salamanca: la Plaza Mayor. Con toda seguridad esta es “La Plaza” en la mente de todos los españoles. Su estilo barroco, sus arquerías elegantes, la piedra dorada de Villamayor que la cubre como un manto y que da a toda la ciudad de Salamanca ese tono de ciudad señorial que nunca ha perdido.

Una vez llegados a este punto, y sentados en el café Novelty junto a don Gonzalo Torrente Ballester, genial salmantino cuya estatua preside este establecimiento, el más antiguo de la plaza (1905), podremos reposar del paseo y de la sobredosis de belleza que el casco antiguo de esta ciudad castellana brinda al visitante.

Y aún queda tanto por ver…

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